Mamá-pandemia de tiempo completo.

Por Ayla Ledesma Coria, licenciada en Antropología.



Ese 23 de marzo del 2020 cuando se anunció la suspensión presencial de clases, imaginaba un contexto muy oportuno, conveniente y cómodo; pero con el paso de los días, semanas y meses resultó ser todo lo contrario. No puedo negar el placer de despertarse una hora antes de comenzar a trabajar o 15 minutos en algunas ocasiones, el dar clases en pantuflas o de plano sólo usar la camisa del uniforme y pantalón de pijama, o mejor aún, el no usar maquillaje porque en la cámara ni se nota. Detrás de todos estos placeres mundanos, se escondía el verdadero monstruo de la contingencia sanitaria, ser mamá y maestra en una pandemia.

Sólo escuchaba frases como “pero estás en tu casa”, “qué bueno que no sales”, “por lo menos no tienes que trabajar” ¿Qué? Claro que estoy trabajando y estoy trabajando por tres al mismo tiempo. Fueron meses de no poder tener un horario fijo, de reorganizar los tiempos que como familia habíamos establecido años atrás. Catorce meses en donde al mismo tiempo tenía que ser maestra, mamá y ama de casa. La gente dirá que eso lo hacen todos o que es lo normal de ser mamá, pero la diferencia es que cuando una mamá trabaja, tiene sus tiempos organizados; va al trabajo en donde solamente tiene que dedicarse a trabajar, al salir del trabajo se convierte en mamá y se dedica únicamente a ser mamá, y es esa organización la que nos permite no enloquecer de actividades. Pero la pandemia me obligó a ser al mismo tiempo todas estas facetas.

Debo reconocer que al principio no sabía cómo organizarme y estaba al borde del cañón visualizando cómo todo esto fracasaría, no sólo en mi labor docente, la cual por cierto requiere un compromiso muy grande, porque de mi esfuerzo depende el aprendizaje de cerca de 60 adolescentes que de por sí viven en una etapa de conflicto y que sentía que si no daba todo de mí podrían perder todo el conocimiento de este año; pero la peor parte era la idea de fracasar como mamá.

Por cuestión de horarios, este ciclo escolar lo iniciamos mi hija y yo solas en casa. Mi esposo se incorporó al trabajo y ya no podría apoyarme como lo hacía meses atrás. Mi hija es aún pequeña y me preocupaba el cómo aprendería este curso sin su mamá apoyando. Cuando entraba a clases me inquietaba porque podía escuchar a lo lejos las voces de las otras mamás apoyando a sus hijos en las sesiones en línea, mientras que yo tenía que dar clases, no podía ni ayudarle a medir con una regla o recortar algo que se le complicaba. En algunos eventos no pude estar y eso que sólo nos separaba un sillón. Comencé a notar que ya no era de las primeras en terminar sus actividades, e incluso que había algunas que no terminaba porque no le había quedado clara la información, en algunas ocasiones incluso lloraba porque no entendía o no había realizado correctamente las actividades, y yo, lo único que podía hacer era silenciar por 2 segundos mi micrófono, girar y decirle “no te preocupes al rato lo revisamos”, sólo eso, ni siquiera un abrazo, un beso o más palabras para consolarla.

En ese momento me di cuenta que no sería la niña número uno del salón, ni la que termina primero, ni la que participa efusivamente porque su mamá está a un lado apoyándola. Pero sí sería una niña que gracias a las condiciones laborales de su mamá desarrollaría habilidades de autonomía, tolerancia a la frustración, responsabilidad y algunas otras que curiosamente no sabía que obtendría. Me da gusto, pero al mismo tiempo tristeza saber que no pude estar ahí cuando ella se sentía con impotencia por no poder recurrir a nadie que la apoyara.z

Poco a poco logré organizar mis tiempos, no puedo negar que de ocho de la mañana a dos de la tarde estaba vuelta loca; levantarme, hacer desayuno, despertar a mi hija, dejarla lista para clases, dar mis clases, y al mismo tiempo realizar todas las actividades administrativas de mi trabajo, correr de aquí para allá buscando material, o salir a la tienda con sólo quince minutos de tiempo para correr a comprar lo que necesito para hacer de comer, porque no olvidemos que una mamá también tiene que lavar la ropa, hacer la comida, etc.

Sentí mucha satisfacción cuando por fin logré tener reorganizada mi vida, con nuevos horarios, actividades, una hija que también aprendió a ser autónoma, un esposo que reorganizó la forma de realizar las actividades de la casa, como comprar algunos elementos con anticipación para que yo no tuviera que salir tanto; en fin, toda una nueva vida que está a punto de regresar a lo que teníamos y donde no sé qué tan bueno o malo sea, pero tendremos que acoplarnos nuevamente.

Y cuando ya tenía todo en mis manos, resulta que, por esas extrañas decisiones de los astros, se les ocurrió que una pandemia era el mejor momento para hacer realidad un deseo que llevábamos tiempo pidiendo. Así que aquí estoy ahora, reorganizando nuevamente mi vida con mi esposo, mi hija, y mi nuevo bebé de 1 mes.

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